Al caminar en la calle me tropecé con una chica linda, bueno no me tropecé con ella sólo se me atravesó enfrente de mí, pero sólo bastó ese momento para tenerla en mi mente y estar pensando en ella, ya que a primera vista se me hizo una chava muy linda y simpática.
Fue tanta mi obsesión con ella que la perseguí por algún tiempo para saber que sucedía con ella, de la cual descubrí que se sentaba en un gran árbol en uno de los parques más solitarios, hasta que una camioneta negra cerrada pasaba por ella. Cada vez que la veía sentada en ese árbol, donde siempre leía un libro, me perdía en ella.
Un día llegué decidido a hablarle y me senté en el lugar donde ella siempre se sentaba a leer, allí me quede esperándola, pasó una hora, pasaron dos horas y se pasó la tarde y ella ni sus luces, por lo que desilusionado me retiré de aquel lugar.
Siempre me quedaba pensando en cosas como: ¿De dónde será?, ¿cómo se llamará?, ¿en qué escuela estudiará?, ¿por qué nadie me podrá dar razón de ella?
Así pasaron los días, esperándola en aquel lugar donde ella jamás se volvió a aparecer.
Tiempo después exactamente más de un año de ya no verla, tal fue mi alegría pues la volví a encontrar, pero no en ese lugar sino en un viaje que mi familia y yo realizamos para visitar a la familia, pues mi abuelita se había puesto un poco mal por una infección en los pulmones que traía tiempo atrás, pero como les decía lo importante es que la volví a ver no en el mismo lugar sino a la mitad del viaje, de regreso a casa nos estacionamos en un centro comercial para bajar a comprar agua y algunas otras cosas que faltaban para la casa y al formarme en la fila para pagar, por alguna razón del destino giré mi cabeza hacia atrás y la vi ¡era ella, sí, ella!, estaba atrás de mi con algunas cosas para pagar, mi emoción fue tan grande que me pasé sin pagar cuando de repente me gritó el cobrador: –¡Oye tu delincuente regresa y paga esas cosas o llamaré a seguridad!
Jamás pensé que ese día fuera el último día de mi vida, que la vería por última vez y para colmo, ¡había quedado en ridículo enfrente de ella!
Ahora a mis 82 años de vida no logró dejar de pensar en aquel día cuando tenía apenas 18 cortos años, y esa linda y tierna muchacha había sido mi ilusión, no logró borrar su dulce imagen de mi mente y me preguntó: ¿Qué habrá pensado de mi? ¿Que habrá pasado con ella? ¿Me la volveré a encontrar alguna vez? Mi respuesta a la última pregunta, para mí, es: no lo creo, aunque solamente en el único lugar que me la podré encontrar será solamente en mis sueños.
Equipo:
Francely Castillo Castillo
Gabriela Castillo Santos
Diana Laura Galeano Moro
Felicitas Sánchez Chávez
Me gusto mucho este tipo de cuento, esta muy entretenido aparte de romantico... esta bien estructurado y atractivo espero publiquen mas de aventuras e igual romanticos!!
ResponderEliminarHermoso! cuento, publiquen más que tenemos hambre de lectura.
ResponderEliminarDejen nos satisfechos, ya que tenemos un problema de desnutrición.